La sala de té suspendida de un profesor de 80 años que parece salida de Ghibli
El 'Flying Mud Boat' de Terunobu Fujimori cuelga solo de cables de acero en Nagano y se visita únicamente con reserva previa
Una sala de té sin cimientos, sostenida en el aire por cables de acero, se ha convertido en una de las imágenes más compartidas de Japón durante las últimas semanas. El Flying Mud Boat (空飞泥舟), construido en 2010 en la ciudad de Chino, prefectura de Nagano, cuelga a varios metros del suelo y solo se puede visitar en jornadas de visita guiada con reserva previa. Su autor es Terunobu Fujimori, historiador de la arquitectura y profesor emérito de la Universidad de Tokio, que este año cumple 80.
La estructura se levantó para una exposición especial del Museo de Arte de Chino. Fujimori dirigió un proyecto colectivo en el que participaron vecinos de la zona. Según recoge el medio Offbeat Japan, el edificio combina mortero de barro, tablones de madera cortados a mano y un tejado de cobre. No hay hormigón en la base: el peso se reparte entre varios cables de alta resistencia que mantienen la cabina suspendida.
El resultado es una pieza que parece flotar. La comparación con las arquitecturas imposibles de las películas de Studio Ghibli ha sido inmediata en redes sociales, donde muchos usuarios describen el conjunto como un mundo de Miyazaki construido a escala real. La apariencia frágil contrasta con el peso real del habitáculo, pensado para soportar visitas controladas durante más de una década.
Se entra por una escalera y una trampilla
El acceso no es convencional. La sala permanece cerrada con llave fuera del horario de visitas. En los días autorizados, el personal coloca una escalera de madera bajo la embarcación y los visitantes suben a gatas por una abertura estrecha en el casco. El interior, forrado de madera, tiene una ventana circular y un tragaluz. Ahí se sirve té mientras la cabina se balancea ligeramente con el viento.
Fujimori no diseñó una pieza aislada. A pocos metros se encuentran otras dos salas de té que forman parte del mismo conjunto. Takasugi-an (高过庵), terminada en 2004, se apoya sobre dos troncos de castaño a seis metros del suelo. Para entrar hay que trepar por una escalera de mano. La revista Time la incluyó en su día entre las construcciones más llamativas del mundo. Bajo su sombra, el arquitecto excavó un hoyo y levantó Hikusugi-an (低过庵), una sala semienterrada.
Las tres piezas comparten una lógica común: materiales naturales, formas irregulares y una relación incómoda con el suelo. No son pabellones de exposición al uso, sino espacios habitables a pequeña escala que obligan a quien entra a adaptarse a la arquitectura, no al revés.
Visitas de abril a noviembre, si el tiempo acompaña
El ayuntamiento de Chino organiza recorridos guiados por las salas de té de Fujimori entre abril y noviembre. Los hay en japonés y en inglés. El aforo es reducido porque los materiales naturales se degradan con facilidad, y en invierno el acceso se corta por la nieve y el hielo. La reserva no garantiza la entrada: si las condiciones meteorológicas son malas, la visita al Flying Mud Boat se cancela.
La difusión internacional ha vuelto a poner el foco sobre el pabellón colgante. Las imágenes circulan desde hace semanas en foros y redes, y el recorrido guiado ya admite reservas para la próxima temporada. Quien quiera subir a la sala de té suspendida tendrá que ajustarse al calendario de visitas y confiar en que el día elegido no haya viento fuerte ni lluvia.
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