San Zhi Lang
Un anciano cargado con un cesto de carne de cerdo emprende un viaje hacia el mercado del pueblo. La ruta más corta atraviesa una montaña solitaria, un paraje silencioso donde la niebla se enreda entre los árboles y el viento arrastra olores que despiertan a los depredadores. El hombre camina confiado, pensando en la venta que le permitirá comprar provisiones para el invierno.
De repente, tres lobos grises emergen entre las rocas. Sus ojos brillan con hambre y rodean al anciano con movimientos calculados. Sin armas ni refugio cercano, el viejo comprende que su única defensa es la inteligencia. Con astucia, intenta engañar a las bestias, usando la carne como señuelo y el terreno como aliado. Cada paso es una decisión entre la vida y la muerte, mientras los lobos cierran el cerco sin prisa pero sin piedad.