
Nigamushi Oji-san
にが虫おじさん
Un anciano de aspecto severo y ceño fruncido pasea cada día por las calles de su vecindario acompañado de su perro, que tiene una expresión igual de malhumorada. Ambos recorren las aceras con paso lento y mirada intimidante, y su sola presencia provoca que los niños que juegan en las plazas y parques huyan asustados, escondiéndose detrás de los setos o refugiándose en sus casas. El hombre no dice una palabra, pero su rostro arrugado y su caminar pausado bastan para infundir temor entre los más pequeños, que lo evitan a toda costa.
Sin embargo, la rutina del anciano y su fiel compañero esconde algo más que una simple apariencia gruñona. A medida que se repiten los encuentros con los niños, surgen pequeñas situaciones que invitan a mirar más allá de las primeras impresiones. El cortometraje explora cómo los prejuicios y las apariencias pueden alejarnos de conocer a quienes parecen diferentes, y plantea una reflexión sobre la soledad, la vejez y la conexión entre personas y animales.