
Red Shade
赤い陰影
Keichi Tanaami presenta una obra animada basada en ochenta de sus pinturas, concebidas originalmente para ser puestas en movimiento. Cada escena posee una animación independiente y puede reordenarse libremente sin alterar la esencia del conjunto.
La película entrelaza recuerdos de infancia de la Segunda Guerra Mundial con la estética del pop occidental que llegó a Japón durante la posguerra. El montaje permite experiencias distintas según el orden de las escenas, creando atmósferas que van desde la brisa en un prado hasta impactos visuales más intensos.