
Rifujin-jin
りふじんじん
Un niño vive sometido a las constantes órdenes de los adultos que lo rodean. Cada día escucha las mismas prohibiciones: que no coma tantas patatas fritas, que haga los deberes, que no pinte en las paredes, que se porte bien. Cada reprimenda, por más bienintencionada que sea, enciende en su interior una pequeña llama de ira que crece sin control, transformando su mundo en un campo de batalla emocional.
El cortometraje explora la rebeldía infantil desde una perspectiva poética y visual, mostrando cómo la acumulación de pequeñas imposiciones puede convertir la frustración en un fuego interior imparable. A través de una animación expresiva, la obra retrata el conflicto entre la autoridad adulta y la voluntad del niño, que se debate entre obedecer o dejarse llevar por el ardor de su indignación.